Carta a mi maestra Zada

Carta a mi maestra Zada

Estaba sentada escuchando una conferencia cuando el  presentador pidió en un ejercicio que cerrara mis ojos y que tratara de viajar en el tiempo a mi infancia y que pensara en una persona que me fuera llenado de mucha seguridad. Mi primer pensamiento fue: Mi Maestra Zada.

Yo no he logrado identificar por qué la Maestra Zada era tan especial conmigo, no sé aún si era yo quien le quería tanto o simplemente si el sentimiento era mutuo. Pero sí puedo recordar que ella me alentaba a realizar tareas que fortalecieron mucho mi confianza interior. Ya hacían dos años atrás que era una niña redondita, así me dibujaba mi compañerito Oswaldo, un vecino que estudiada conmigo en la Escuelita del pueblo. La Maestra hábilmente cambiaba el curso de los hechos a punta de buenos refuerzos.

En su clase de sexto grado hice por primera vez un periódico escolar, sin ella saber que esa experiencia me impulsaría a estudiar Periodismo algún día. Ella me mostró lo reconfortante que sería escribir, y aquí estoy, todavía escribiendo como aquel día. Cada vez que fue necesario la Maestra Zada me trató con ternura, sus abrazos eran dulces como abrazar una nube. La recuerdo como una mujer dulce y estar bajo sus cuidados era como estar bajo el resguardo de mi propia madre.

¿Puede un niño de apenas 8 años ser marcado para siempre por un maestro? Un niño de esa edad puede ser marcado de muchas maneras por las personas que le rodean, unos para bien y otros no tanto, pero lo cierto es que el adulto que eres hoy puede viajar al pasado en medio de tantos recuerdos y elegir a los personajes que llenaron su vida de aprecio, amor, paciencia, esa voz que le invitaba a florecer o soñar. Hay que subirle el volumen a la voz de esa persona y traerla a colación.

Si has tenido la dicha de tener una dulce maestra que haya marcado positivamente tu vida envíale esta carta para que sepa lo feliz que fuiste en su clase. Dile que su legado germinó en una semilla de bien, confórtale con el privilegio de saber que sus enseñanzas te ayudaron a ser lo que eres hoy.

En este ejercicio continúo de gratitud en el que elijo vivir, le agradezco Maestra Zada por la sonrisa de cada día, y les agradezco a todos los maestros que dedican sus vidas a formar con la paciencia que el amor requiere. En casa veo cada día a una Maestra, una que ejerce este oficio con el mayor de los amores, La Maestra Adriana, mi hermana. Que fortuna la mía tener sus voces en mi vida.

Astrid Fabiola.

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