Ahora soy otra mujer

Ahora soy otra mujer

A cada segundo cambio, cada día evoluciona mi manera de pensar, ya no soy la misma que fui, ahora soy otra mujer.

Sí, la maternidad lo cambia todo. Parir te cambia la perspectiva que tienes de tí misma. Especialmente desde el punto de vista mental. Es muy gracioso descubrirse repitiendo las mismas expresiones de tu mamá, ahora la entiendes, la valoras mil veces más y absolutamente todo tiene sentido.

La mujer que soy ahora es igual de hiperactiva pero no rinde igual, sigo siendo rápida para pensar pero más lenta para responder. Me descubrí prudente. Jamás fui prudente, pero es muy poderosa la sensación de autocontrol. Sigo fallando como hija y me atajo cuando recuerdo que Zoe está aprendiendo de mi ejemplo.

Ya estaba sumergida en la orilla de algunas emociones como empatía, comprensión y tolerancia pero la Astrid de ahora se lanzó en esas aguas de lleno. Me encanta leer a personas que piensan diferente a mí, escuchar otros puntos de vistas y saberlos válidos aunque esté en la acera de enfrente. No tengo muchas ganas de discutir con nadie, pero eso se lo atribuyo al sueño, al trasnocho de la maternidad. Jajajajaja.

Para ser honesta no todo es angelical porque todas las emociones anteriores las tengo para el resto, porque sí, las mamás nos cuestionamos todo en exceso, pero sigo aprendiendo a ser paciente, especialmente con el llanto. Yo, la sensible al ruido, a la que le aturde casi todo, tiene ahora una bebé de casi 7 meses que aprendió a gritar, y aquí estoy tratando de evolucionar. Mi hija es la oportunidad diaria para recordar que siempre se puede aprender algo nuevo, algo que no tienes ni la menor idea de cómo hacer pero que seguramente lo vas a lograr.

Sigo estando enamorada, ustedes no saben cómo se transforma el amor de pareja cuando se tienen hijos y me encanta como hemos logrado Jhonatan y yo equilibrar las tareas y los retos de la crianza. Oro cada noche y cada mañana. Doy gracias a Dios por no encajar, por ser así diferente, irreverente, doy gracias por la valentía de reconocer cuando me equivoco, por atreverme a irme de espacios incomodos.

La mujer que soy ahora está aprendiendo a ceder, soltar y delegar, la mujer que soy sigue tratando de adelgazar jajajajaja, es que todas queremos comer sin engordar.

Astrid Fabiola

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